lunes, 6 de enero de 2014

El Hobbit: La desolación de los estándares en México





Feliz año 2014... Ya estamos de vuelta con nuevos proyectos y precisamente el día 1ero me dió la pauta para escribir este primer post del Blog en 2014.

Acudí al cine para experimentar la nueva cinta de la trilogía "El Hobbit", producida por Warner Brothers, New Line Cinema.

A cargo de la cinta, Peter Jackson siempre se ha preocupado de todos los niveles de producción para obtener una experiencia cercana. Más allá de la crítica de historia y actuaciones, Jackson recurrió a la ayuda de  Tony Johnson, Dan Morgan, John Simpson y Dave Whitehead para la etapa de Post Producción. La mayoría participaron como diseñadores de sonido y foley artist para películas como Avatar y el Señor de los Añillos.

La música corre a cargo de Howard Shore repitiendo gran parte del trabajo realizado en la trilogía de "El Señor de los Anillos".

Una producción tan detallada se conjunta para proveer una experiencia cercana entre la imagen y sonido, además del cuidado con el nuevo estandar de 48 cuadros para entrar a una experiencia de imagen más nítida, requiere un local adecuado, calibrado y bien realizado.


La realidad de las salas en nuestro país.

No daré detalles de la cadena a la que acudí a ver esta película, sin embargo me parece que si bien no todas las salas carecen de estos requerimientos, una gran mayoría tiene problemas con ello.

La cercanía entre salas ya representa un problema porque ante la mala calibración de sonido, el subwoofer o frecuencias bajas, se hacen presentes en las salas aledañas, rompiendo muchas veces el efecto de suspenso y atención en partes silentes de la película.

Nada como escuchar una explosión lejana durante un diálogo de reflexión entre Bilbo y Gandalf.

El doblaje es bien realizado, desafortunadamente los diálogos se perdían totalmente en el centro cuando la música se compaginaba en las escenas de acción.

Los efectos surround son poco presentes y pierden su efecto cuando de manera un poco mañosa ponía especial atención a los canales traseros. Conté solamente 2 ocasiones donde se pudo percibir el efecto de arribo de una bandada de orcos acercándose. Mi ubicación en el centro de la sala debió permitir una experiencia más equilibrada. No fué así.

El subwoofer presentó algunos crujidos de distorsión y los canales laterales brillaron por su ausencia en escenas clave.

De buena fuente sé que los administradores de cine se ven forzados a apagar algunos equipos para que el consumo de energía baje y se vuelvan más operables en tiempos de bajo ingreso (yo acudí en la mañana).  También tengo entendido que el entrenamiento de calibración no se realiza contínuamente y que se evita en lo posible para no "gastar" en el experto, porque el cliente, solo viene a "ver" la película.

Conclusión

Que un cine tenga un estándar o sello de certificación, no significa que realmente esté ocurriendo. Tampoco hay manera de verificarlo cuando a duras penas, la mayoría de la gente no tiene siquiera el criterio de elección y mucho menos de apreciación cinematográfica mínimo. En las escuelas no nos enseñan a ver el cine por su manufactura, género, mensaje e interpretación.

La mayoría acude al cine a mirar en movimiento un cartel, la extensión de un trailer (que muchas veces están hasta mal diseñados).

Esta peligrosa combinación, permite que películas mexicanas como "Una película de huevos", o "No se aceptan devoluciones", pasen de ínfimas representaciones a "clásicos" mexicanos.

De nada sirve que Jackson utilice un criterio técnico específico para contar una historia, si como audiencia no exigimos y nos preparamos para ver el cine que estamos pagando.

Me divertí con la historia y las imágenes, escuché lo mínimo necesario para comprenderla, pero el cine en esta ocasión, me dejó un sabor amargo por la experiencia non grata. 

Si bien es cierto que no todas las historias requieren este grado de complejidad técnica para crear una experiencia agradable, no significa que se deban evadir los estándares operativos, cuando la misma industria los ha creado para brindar una experiencia diferente.

Es tiempo de preguntarse si pagar un boleto de los más caros del mundo para ir al cine, realmente nos da la experiencia que se puede obtener de origen.


Rafael Mendoza realiza producción de audio y visita las salas de cine regularmente
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